Wednesday, August 31, 2005

 

Nuestra responsabilidad ante la utopía



Nos preguntamos qué quieren decir los que pronuncian la palabra utopía o, lo que es lo mismo, qué queremos decir nosotros, cuando empleamos esa palabra qué pareciera estar escondida en algún cofre o en alguna isla desierta. Nos referimos a ella como si fuese una piedra preciosa encantada guardada con siete sellos, o como si se tratase de sueños de libros de la infancia. Y nos damos cuenta que utopía no significa otra cisa que lo que tendríamos que hacer para ser felices. Así de sencillo. Uno parece un maestro ciruela diciendo y creyendo estas cosas, pero es que es así: es lo que deberíamos hacer pero además, es lo más fácil de realizar y conseguir.
Pongamos un ejemplo. Somos todos niños, queremos jugar en la arena. A nadie se le ocurriría permitir que uno de los niños se adjudicara el ochenta por ciento del cajón de arena para él solo y que los demás jugáramos apartados en un rincón, todos apretujados. Tampoco permitiríamos que ese niño que se adueñó así de gran parte del cajón de arena nos exigiera juguetes para poder jugar en su "zona" que, en realidad, pertenece a todos. Ni tampoco permitiríamos que uno de nosotros se adjudicarael mando y nos diera órdenes para hacer lo que él dictaminara, con el prejuicio de hacerlo para mantener la igualdad y la disciplina.
La única verdad es que todo pertenece a todos pero además no es de nadie. Desde la docencia se tendría que enseñar como primera materia la negación del sentido de la propiedad y del derecho del más fuerte, y además el diálogo, como fuente de comprensión. La docencia tendría que enseñarnos desde pequeños a despreciar todo áquel que usufructa más de lo que necesita para su vida y subsitencia.
Vayamos a un ejemplo que está al alcance de todos: el transporte en las grandes ciudades. Qué nos dice el análisis racional?. Que el transporte individual, el auto, perjudica a todos, es el derecho del más fuerte, del que tiene más dinero. Lo equitativo y cuerdo sería que el transporte fuese colectivo y sano. Se ha comprobado en ese caso, los mejores transportes son los subterráneos y los trenes. El transporte automotor no sólo envenena la atmósfera en forma irreversible sino también es actor de accidentes que han costado una cantidad de víctimas incalculables, que se repiten día a día, en gran parte niños.
Además se estimularía la sana costumbre de caminar, trasladarse en bicleta. Otros transportes mecánicos, sin gases residuales, podrían adaptarse para el transporte de gente de edad o incapacitados. Pero la racionalidad se sacrifica en aras de la fatuidad, del lujo, de la comodidad de algunos y de la esperanza del resto. Cómo es posible explicar racionalmente que viaje en lujosos y enormes autos sólo una persona por vehículo?. la idiotez y el egoísmo se pasean en coche. Y todos callamos, en el mundo entero, porque tal vez quisiéramos llegar a ser, cada uno de nosotros, uno de esos imbéciles en carrocerías de oro.
Nuestras sociedades enseñan a despreciar al pobre o a quienes tienen otro color de piel, en lugar de despreciar al explotador y al parovechador. Debería enseñar a quien aprovecha de la naturaleza de todos para sí mismo y admirar a quienes encuentran la felicidad en la humildad y la modestia, esos que piensan siempre en utopías y así tal vez, alguna vez, alcanzar la felicidad de la sociedad toda, en esta vida tan breve y llena de dolor y misterios. Ya desde la primera escuela se debería enseñar el pensamiento de los utopistas, los proyectos de las repúblicas ideales que elaboraron sus benditos cerebros y no hacernos glorificar conquistadores brutales y genocidas de pueblos que actuaron en nombre de la "civilización".
Así de sencillo es la utopía: sentarnos a discutir todo aquello que se nos impuso en nombre de la autoridad y propiedad, que nos ha llevado a guerra, torturas y regímenes de esclavitud y a la absoluta obscenidad de las fortunas multimillonarias y su correlato de millones de hambrientos que mueren todos los años.
Hubiéramos podido hacer un resumen del ideario de todos los grandes pensadores de la utopía. Pero eso es una segunda parte. La utopía está en la calle todos los días, hay que formarla desde los hechos simples, en los juegos, la amistad, la solidaridad y el desprecio a lo superfluo que nos devora la vida y termina por escalvizarnos a nosottros y a los que más queremos. producir violencia es atacar nuestra propia existencia, la de nuestra familia, la de nuestro derredor. Promover la vida simple, engrandecer la honestidad, el altruismo.
No voy a hablar de Thomas Moro, ni de Campanella, ni de Owen, Bacon o Proudhon (a ellos hay que leerlos, gozar de ellos, imaginarse el mundo pensado por ellos). Es mejor y ya es tiempo de ponernos a camnar. Aplicar lo simple de la razón. Terminar con aquello pérfido de que "la política es el arte de lo posible", sino que el único futuro está en la lucha por lo que se cree imposible, que es nada menos que poner de relieve la bondad del ser humano, que existe. POnerse a caminar y aprender lo bueno de los revolucionarios y corregir sus equivocaciones. Eso es la utopía.

Si logramos dar diez pasos en aproximación a ella, ya justificaremos nuestro viaje por la vida.


Osvaldo Bayer

Comments:
El maestro bayer dando cátedra..

Si es Bayer es bueno ^^
 
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